Grupo de
Trabajo sobre Métodos y Actividades de Corporaciones Transnacionales
Por Jorge Daniel Taillant
Director Ejecutivo (CEDHA)
31 de Julio, 2001
Ginebra
Gracias señor Presidente,
Intervengo en
nombre de CEDHA, Centro de Derechos Humanos y Medio Ambiente. Como Director
Ejecutivo de CEDHA, una organización no-gubernamental avocada a promover el
vínculo entre los derechos humanos y el medio ambiente, tengo el honor de
compartir con ustedes algunas reflexiones sobre la importante labor que se está
llevando a cabo en el seno de las Naciones Unidas sobre un tema tan fundamental
para lograr un desarrollo mundial sustentable condición sine qua non para
el uso y goce de los derechos humanos.
El enfoque de esta
sesión es la conducta de las empresas y su impacto en el desarrollo
sustentable, y particularmente la relación de la empresa con los derechos
humanos.
La empresa en el siglo XXI
ocupa un lugar fundamental en la sociedad. Más que en cualquier otra epoca. La
empresa constituye un actor clave para el desarrollo humano. Es un lider
emblemático que trae aparejadas extraordinarias transformaciones económicas,
sociales, y tecnológicas. Antiguamente eran las ciudades estados y luego los
estados nacionales quienes dominaban la sociedad mundial. Hoy la empresa ha
adquirido, en muchos casos, un poderío político y económico que supera al de
muchas naciones.
La sociedad y el planeta
también han experimentado cambios significativos en los últimos tiempos. La
rápida industrialización y el progreso tecnológico, si bien conllevan
fantásticos descubrimientos científicos y médicos, y para algunos mejora
la calidad de vida; para otros significa contaminación y degradación de los
recursos naturales, significa el empeoramiento de las condiciones humanos en su
trabajo, retrocesos en su salud, y en definitiva, severos abusos de sus
derechos humanos.
Es importante mencionar que
los que más sufren la contracara de este crecimiento y bonanza económica,
liderada por el sector empresarial, son los pobres y los sectores marginales de
la población, los más desprotegidos, que sufren una carga desproporcionada del
efecto de la degradación ambiental y el abuso de sus derechos humanos.
Afortunadamente, la humanidad
está empezando a reconocer la delicada relación que existe entre el progreso
económico y lo que hoy llamamos “el desarrollo sustentable”. Comenzamos a
comprender el impacto del abuso de nuestro habitat en el goce de nuestros derechos
humanos.
La empresa es un actor y una
figura importante de nuestra sociedad.
Sabemos que la empresa es una
de las fuentes más contaminantes del medio ambiente, y que en muchos casos la
empresa prospera pese a un trato inapropiado de sus empleados y pese a la
contaminación que muchas empresas transnacionales, nacionales, regionales y
locales suelen generar en las comunidades en las que se radican. El efecto de
la globalización solo aumenta y agiliza el problema, haciendo más urgente y más
obvio el problema.
Sin embargo, la
irresponsabilidad social empresarial no es irreversible, ni es tampoco una
cualidad inherente de la empresa si pretende alcanzar niveles más altos de
crecimiento económico. Por lo tanto no podemos dejar al libre albedrío este accionar
empresarial irresponsable. La empresa, y más específicamente los líderes
empresariales, pueden y deben asumir un rol responsable dentro de la sociedad.
A su vez, la sociedad debe guiar al sector empresarial hacia una producción más
sustentable y respetuosa de los derechos humanos.
En la actualidad, el
comportamiento empresarial no se encuentra legalmente regido por el derecho
internacional. Desde los años 1980, y gracias a un intenso esfuerzo de la
sociedad civil, e incluso por la motu propio, algunas empresas han
adoptado de manera voluntaria, códigos de ética empresarial. Es decir, las
empresas, ellas mismas, ante el vacío del derecho internacional, están
llenando el vacio normativo. Hay un gran número de códigos y guías de ética
empresarial que surgen del sector privado y de la sociedad civil. Podemos
mencionar algunos como los Sourcing Guidelines de Levi Strauss de 1992 (que
fueron los primeros códigos de ética empresarial), los Principios de Empresas
de la Mesa Redonda de Caux, las Guías de la OECD sobre Principios
Internacionales para Empresas, la normas SA 8000 sobre derechos humanos, las
ISO 14000, la Declaration de Principios para multinacionales políticas
sociales, y más recientemente el Compacto Global de Naciones Unidas. Estos
códigos y guías, de carácter voluntario y no-vinculante, son el resultado de
una creciente convicción de que regular la conducta empresarial y promover la
responsabilidad de la empresa es una necesidad imperiosa impostergable que
beneficia a los ciudadanos del mundo, los estados, y a las mismas empresas.
Vemos en la práctica, que a pesar de que unos pocos empresarios han
experimentado con la inserción de principios de ética social en la producción,
una inquietante porción del enorme crecimiento económico y bonanza que observamos
durante las últimas décadas se ha hecho a costo de una preocupante ignorancia y
violación de los derechos humanos económicos, sociales y culturales de muchas
de nuestras comunidades.
Es preciso un mayor
compromiso formal que no solamente guíe a la empresa hacia la sostentabilidad
humana y ambiental, sino también un marco legal que obligue a la
empresa a respetar los derechos humanos y al medio ambiente. Este marco solo
puede surgir de un foro como es las Naciones Unidas, que reune a todos los países
del mundo en torno al respeto a normas y leyes establecidas para proteger los
derechos humanos. Hemos visto como los principios y declaraciones de Naciones
Unidas sobre armas letales, matanzas arbitrarias, tolerancia religiosa,
derechos de los descapacitados, derechos del trabajador, propiedad intelectual,
y declaraciones sobre el trabajo del niño, han adquirido el grado de “soft
law”, lo que permite una referencia legal importantísima en la defensa y
protección de los derechos humanos. La sociedad y el mundo reclaman un accionar
similar para guiar y para regular a las empresas. Debemos dar un paso en firme
hacia este fin.
En este sentido, la labor que
está llevando a cabo el Grupo de Trabajo sobre Métodos y Actividades de
Corporaciones Transnacionales resulta fundamental para un régimen mundial que
ubique a la empresa y al accionar empresarial en un marco comprometedor y
vinculante. Este trabajo reúne, en nuestra opinión la investigación más seria y
exhaustiva sobre la responsabilidad empresarial por los derechos humamos. Es un
trabajo profundo que refleja toda la labor de las últimas décadas sobre
responsabilidad social empresarial en el mundo.
Hemos apoyado y contribuido a
la labor del Grupo de Trabajo en la elaboración de la Guía de Derechos Humanos para
Corporaciones Transnacionales porque creemos que es un aporte indispensable
hacia un marco vinculante para las empresas, que apunte a un real esfuerzo por
lograr un desarrollo mundial sustentable y contribuir a un aporte empresarial
positivo a ese desarrollo. CEDHA, la ONG que represento, está trabajando con
empresas nacionales pequeñas y medianas, introduciendo al nivel local una
conciencia ambiental y social empresarial y mayor respeto por los derechos
humanos y por el medio ambiente.
Queremos recomendar a la sub
Comisión de Derechos Humanos, a los representantes de los países miembros de
Naciones Unidas, y a los demás actores que hacen esta labor posible que:
Los eventos que hemos
presenciado en Seattle, en Quebec, en Genova como en tantos otros lugares del
mundo, son llamados de alerta ... son la expresión de una sociedad que pretende
un mundo mejor, más equitativo y respetuoso de los derechos humanos no solo
civiles y políticos, si no también económicos, sociales, y culturales. El reto
nuestro y el de ustedes es ayudar a dar el primer paso hacia la solución.
Démoslo.